
En
las entrañas de la Huasteca potosina se reconstituye la nación Xi’iuy,
que significa indígena, y son conocidos como pames. Un pueblo
originario que se creía en proceso de desaparición se ha encontrado
consigo mismo.
Su bandera simboliza esta recreación de su propio
orden, en la que se recupera y reinterpreta su historia. Tiene franjas
de tres colores: rojo, negro y amarillo. Rojo, porque cuando los Xi’iuy
combatieron desnudos contra la invasión española en la guerra
chichimeca, se pintaban el cuerpo de ese color. En el centro hay una
palma, abajo de ésta una flecha y arriba un rifle. Junto a ellos hay
varios cucuruchos, por los primeros frailes.
Esta
reconstitución de la nación Xi’iuy, en la que los maestros bilingües
han desempeñado un papel relevante, tiene expresas distintas y
complementarias nociones: la defensa del carácter colectivo de sus
tierras (se niegan a la parcelación) y territorio, la recuperación de
sus sistemas normativos, sus instituciones y su lengua, y, también, la
formación de sus guardias comunitarias.
Sebastián de la Cruz
es indígena Xi’iuy. Vive y trabaja en la comunidad La Nueva Palma.
Desde el pasado 16 de febrero es guardia comunitario. Hace unos meses
fue arrestado por policías ministeriales sin orden de aprehensión.
Primero lo acusaron de un robo que nunca cometió.
Luego lo
extorsionaron. Finalmente lo encarcelaron cinco días, a pesar de ser
inocente.
Cometieron con él un atropello y una humillación (Noticieros
Televisa, 9/4/14).
Para evitar ser detenidos, los indígenas
de La Palma deben pagar una cuota a la policía, e incluso, necesitan
empeñar sus herramientas de trabajo. Los que se niegan son golpeados,
amenazados y conducidos a las barandillas. Los atropellos son
constantes y la justicia nula. Aunque muchos indígenas no hablan
español, no hay traductores en el Ministerio Público.
“La
policía de San Luis Potosí está infiltrada –me dijo en entrevista
Miguel Ángel Guzmán, el profesor y licenciado que los asesora
legalmente–, tanto la estatal como la municipal. Trabajan dos turnos:
en uno son los buenos, en el otro los malos. Son asaltantes.
¡Extorsionan hasta las tienditas!”
Por si fuera poco, a los
Xi’iuy les llueve sobre mojado. A los atropellos policiales que sufren
hay que añadir la acción de delincuencia. La situación es muy grave.
Desde 2010 son extorsionados también por criminales. Si rechazan pagar
o dejar sus tierras, son asesinados. Los homicidios quedan impunes. Los
delincuentes se arreglan con los agentes del Ministerio Público sin
grandes problemas.
“Muchas bandas y grupos delictivos
comenzaron a crecer a la sombra del crimen organizado –explica Miguel
Ángel– y empezaron a tomar control de las comunidades; hasta las
puertas de estos lugares tan distantes han llegado las extorsiones y
las amenazas.”
Las autoridades gubernamentales locales niegan
los hechos. No hay denuncias por abusos o actos de extorsión en contra
de elementos ni estatales ni municipales, aseguran el comandante en la
región de la Dirección de Seguridad Pública del Estado y el presidente
municipal de Tamasopo, Vicente Segura Ortega.
Martín
Hernández Martínez es también guardia comunitario de La Nueva Palma.
Harto de estar harto, asegura: Ya estamos cansados de tantos abusos.
Por eso, para protegerse a sí mismos de la delincuencia, los abusos
policiacos y el despojo de sus tierras, 2 mil cabezas de familia
acordaron formar sus guardias comunitarias.
Los nuevos
encargados de seguridad son 100 personas, nombradas en asamblea,
armadas con varas y machetes. El año pasado eran 30. Algunos van
embozados. Se proponen cuidar el orden en sus pueblos. Montan guardias
y alertan sobre la presencia de extraños. Se han adiestrado para
aprender procedimientos de detención.
De las autodefensas a las guardias comunitarias
es el nombre de su manual de formación que elaboraron. Allí se asienta:
La gente noble tiene derecho a portar armas y defender su comunidad.
Propusieron al Congreso de San Luis Potosí una iniciativa de proyecto
de Ley para la Operación de las Guardias Comunitarias en la entidad,
con el objetivo de ser reconocidos legalmente y contar con el aval de
las autoridades estatales.
Ven en la experiencia de Cherán un
modelo a seguir, tanto en términos de justicia comunitaria, como en que
la comunidad se rija a partir de sus usos y costumbres. No van a
impedir que la policía entre en sus localidades, pero, con el fin de
evitar más abusos, exigirán que antes de que se detenga a un miembro
del ejido, debe exponerse a la comunidad.
Justifican la
formación de sus servicios de seguridad en el artículo 9 de la
Constitución estatal. Las guardias comunitarias, asegura Miguel Ángel
Guzmán, han existido desde hace mucho y actualmente en las comunidades
indígenas hay una figura donde los jueces auxiliares cuentan con
colaboradores que son llamados de diferente forma, pero cumplen con esa
función.
A raíz de la formación de las policías comunitarias
disminuyeron los índices delictivos. La policía limitó su presencia y
el Ejército entró a realizar patrullajes regulares. Aunque van con
tanquetas, asumen un perfil bajo. Los oficiales dicen: la bronca no es
con nosotros, es con las policías.
El surgimiento de
autodefensas y guardias comunitarias en el estado no se limita a los
municipios de Tamasopo y Rayón. Han hecho su aparición grupos
organizados en Ciudad Valles, Tamazunchale (nahuas), Tampamolón y en
Aquismón (nación Tenek), donde el comisario ejidal fue nombrado primer
comandante.
En febrero de 2013, Víctor Ramírez, dirigente del
Frente Campesino de Ciudad Valles, anunció que el ejido Adolfo López
Mateos se organizó para hacerse cargo de su vigilancia. No permiten el
acceso a personas extrañas a la comunidad y sus pobladores se van
relevando.
Como sucede en la Huasteca potosina, hay hartazgo
en muchas comunidades indígenas. En más de dos estados, grupos de
ciudadanos han tomado la seguridad en sus manos o se disponen a
hacerlo. Silencioso o silenciado, hay en marcha un nuevo levantamiento
indígena en el país.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.