22/08/2010

Colombiano presenta testimonio desolador; lo amenazaron para que se retractara, señala

Desdén oficial a denuncia contra directora de penal de El Llano por torturas a presos

Ninguna autoridad ha respondido a llamado para que se investiguen quejas de internos

Emir Olivares Alonso
Periódico La Jornada
Domingo 22 de agosto de 2010, p. 8

Una semana después de que la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) y la Organización Mundial contra la Tortura (OMCT) denunciaran que María del Socorro Gaspar Rivera, directora del penal varonil El Llano, en Aguascalientes, torturaba a presos disfrazada con traje de piel y pasamontañas, ni autoridades estatales ni federales han respondido a los llamados de las organizaciones para investigar los hechos, proporcionar seguridad a los internos y sancionar a los responsables.

Nancy López Pérez, abogada de la CMDPDH, informó que si bien quienes han señalado esos abusos son tres internos colombianos (sentenciados por robar un televisor), se tiene información de que la tortura se aplica a decenas de reclusos, aunque la mayoría tienen miedo de denunciarlo. Manifestó su sorpresa porque el Mecanismo Nacional para prevenir la Tortura, encabezado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, no haya iniciado una investigación de los hechos.

López Pérez ha intentado comunicarse con diversos órganos de gobierno y con el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Omar Williams López Ovalle, sin obtener respuesta. La abogada afirmó que una vez más envió la información del caso a esas instituciones.

Hace una semana La Jornada dio a conocer la denuncia de que, disfrazada, Gaspar Rivera recorre ocasionalmente durante las madrugadas las celdas y elige a algunos internos al azar para torturarlos con un aparato que produce descargas eléctricas. Quienes denunciaron los hechos fueron los presos de origen colombiano Jaime Román Saavedra Vélez y Manuel Tiberio Bravo, este último víctima de los abusos.

Pese a las denuncias, aún no hay respuesta de ningún orden de gobierno. Las autoridades no se han puesto en contacto con nosotros; eso es preocupante. Ni siquiera la embajada de Colombia, que es la que debería brindar asesoría legal y asistencia consular a estos ciudadanos. La sede diplomática podría impulsar que se les trasladara de penal o incluso solicitar que fuesen extraditados a su país, señaló la abogada.

Denunció que las autoridades estatales no han removido de su cargo ni emprendido investigación alguna contra la directora de El Llano. “Nuestros contactos en Aguascalientes nos confirman que algunos involucrados sólo fueron trasladados a otro penal, pero no se les cesó de sus funciones.

Parece que para las autoridades de Aguascalientes es suficiente cambiar de reclusorio a algunos de los implicados en la tortura. La normativa nacional e internacional al respecto indica que se debe iniciar una averiguación e, inclusive, si Gaspar Rivera alegara que ella no participó en los hechos, aun así debe ser sancionada. No se puede deslindar de responsabilidad, ya que es directora.

Lamentó que el mandatario estatal, el panista Luis Armando Reynoso Femat, haya asegurado no tener noticia del caso, pues la propia OMCT dirigió una carta a él y al procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez, en la que manifestó su preocupación por esos abusos y demandó investigarlos, protección para los reclusos y sanciones a los responsables.

Señaló que durante la semana, aparentemente la CEDH aplicó exámenes médicos y sicológicos a los presos colombianos, sin previo aviso, lo que ocasionó que los reclusos se sintieran vulnerables y temerosos tras hacer pública la denuncia.

Por ello, López Pérez ha intentado confirmar con la comisión sí aplicó el Protocolo de Estambul –pruebas médicas y sicológicas con las que se comprueba si una persona fue víctima de tortura–, además de si se han implementado las medidas cautelares que emitió en favor de los colombianos.

Pensé que me iban a matar; en ese momento hubiera sido lo mejor porque ya no aguantaba

Emir Olivares Alonso

En un testimonio conseguido por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, Manuel Tiberio Bravo, colombiano preso en el penal varonil El Llano, en Aguascalientes, relata la primera ocasión que fue víctima de tortura en esa cárcel, el pasado 14 de julio.

Llegaron por mí a la celda de aislamiento. Los celadores venían al mando de los comandantes Felipe Blandón y Carlos Cisneros. Junto a otros presos nos hicieron una revisión, nos obligaron a hacer sentadillas desnudos, me voltearon hacia la pared para revisarme el ano. Querían que orinara en un vaso.

El colombiano narra que después llegó la directora del penal, María del Socorro Gaspar Rivera. Añade que ella y el comandante Blandón les dijeron que al rato nos iban a componer.

Otra capucha negra

Horas después varios custodios llegaron hasta donde tenían a varios detenidos y uno por uno se los llevaron esposados y con una capucha negra llena de sangre y vómito en la cabeza.

Agrega que le dijeron: “ahora sí, pinche colombiano traficante, vas a chingar a tu madre para que no se te ocurra regresa a Agüitas”.

Abunda: “en el trayecto me iban golpeando en muslos y costillas. Me decían que me iba a morir. Me aventaron por unas escaleras y caí de espaldas. Me desnudaron, me sentaron en una silla y comenzaron a patearme en los genitales.

“Me echaron un bote de agua encima, me apretaron la capucha al cuello, me pegaban en costillas, cabeza y espalda. Yo no podía respirar, hacía lo posible por tomar aire, pero era en vano. Caí al suelo y continuaban los golpes, me ponían corriente (eléctrica) en los testículos; sólo me revolcaba de dolor e impotencia. ‘¿Quién te vende droga?... No quiere hablar, licenciada’, decían. Yo sólo pensaba en morir”.

Tibero Bravo asegura que por más súplicas para que las torturas se detuvieran, éstas continuaban. “Me echaron una lona encima y después se escuchó un corte de arma. Pensé que me iban a matar; en ese momento era lo mejor porque ya no aguantaba el sufrimiento. Después alguien dijo: ‘ya saquen a este perro antes de que me arrepienta’.

Me sacaron arrastrando, me quitaron las esposas y, como pude, me quite la capucha. Vi a los comandantes Blandón y Camacho, quienes se reían. Subí en cuatro patas unas escaleras y me metí a la primera celda que vi abierta. Me sacaron y me llevaron a mi celda. El resto del día estuvimos sin comer nada. Al otro día subió el comandante Cisneros y le pregunté por qué nos habían torturado. Me dijo que así iba a seguir siendo.

En su denuncia el recluso señala que la directora del penal y Blandón lo amenazaron para que retirara las denuncias que había hecho, pues de lo contrario le elevarían la sentencia.

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