12/09/2011

Víctimas de la violencia en sus distintas facetas, denuncian el olvido de las autoridades

Indígenas de Oaxaca exponen su dolor e indignación ante la Caravana por la Paz

Javier Sicilia reclama que se otorgue la autonomía y se comprendan las luchas étnicas

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En Huajuapan de León, la Caravana por la Paz realizó una más de sus escalas. En la plaza central, Javier Sicilia encabezó el acto principalFoto Notimex
Alonso Urrutia
Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 12 de septiembre de 2011, p. 16

Huajuapan de León, Oax., 11 de septiembre. La Caravana por la Paz se internó hoy en la Mixteca oaxaqueña, con su cauda de problemas ancestrales asociada a otra cara de la violencia: la que proviene de los paramilitares, del Estado mismo, la que surge del abandono y el olvido de sus exigencias sociales. La concentración en la plaza del pueblo parece también un homenaje póstumo a Bety Cariño, luchadora social asesinada en medio de la violencia contra los triquis.

La recepción de la caravana se ofreció bajo un signo: bienvenidos a la Mixteca rebelde que se niega a someterse a pesar de la violencia, en sus diversas caras, que padecen. Atrás quedó la inseguridad denunciada en Acapulco; en Oaxaca la violencia está dirigida –denuncian– contra los luchadores sociales, como en el viejo régimen. Nada ha cambiado para indígenas, maestros, defensores de derechos sociales, que mantienen sus luchas a pesar de las desapariciones y las violaciones a los derechos humanos.

A la llegada del poeta Javier Sicilia, salió a su encuentro Omar Esparza, el viudo de Bety Cariño, ejecutada por paramilitares en San Juan Copala el 27 de abril de 2010. Su asesinato es el caso más emblemático en la región mixteca, el eje en torno al cual surgen otras denuncias de desapariciones, como la del profesor Carlos René Román, hace ya 181 días.

Es una confluencia de dolores añejos y recientes, definió el poeta antes de solicitar el enésimo minuto de silencio en su peregrinar por el país en memoria de los miles de muertos registrados.

Oaxaca no ha estado en el centro de la atención por la violencia derivada del fortalecimiento del crimen organizado y la guerra calderonista emprendida en su contra. Oaxaca –narran diversos oradores en el mitin– padece una violencia, añeja. Asesinatos y desapariciones de luchadores sociales en la región se dan en medio de un círculo: demandas sociales insatisfechas, asesinatos de quienes encabezan las luchas por concretarlas, aseguran quienes participan en la marcha de la entrada del pueblo a la plaza.

“Bety Cariño –narra la presentadora– fue asesinada por rebelarse contra la violencia al pueblo triqui acentuada por años, luchando por la paz, tratando de cambiar las cosas, desafiando el orden que se nos impone, como ustedes, desafiando el miedo a la violencia. Los poderosos nos la arrancaron.”

La violencia en la región –diría más tarde Esparza, tras narrar los dramáticos momentos del asesinato de Cariño– la padecen los pueblos indígenas, en lucha contra la voracidad de los gobernantes. Es una violencia política, económica y social contra las comunidades para imponer proyectos económicos mineros, o de explotación de energía eólica, o por apoderarse de sus recursos hídricos. Es una guerra dirigida contra los pueblos indígenas por parte del Estado.

Al mitin llegaron también representantes del municipio autónomo de San Juan Copala, cercado en medio de la lucha entre los triquis, para denunciar que desde su creación han sido hostigados y reprimidos por los grupos paramilitares, con el respaldo de los gobiernos de Ulises Ruiz y Gabino Cué. La denuncia cuestiona el cerco que padecieron, que los obligó a huir ante la falta de garantías, ante homicidios y ataques que han padecido.

La concentración de la Caravana por la Paz en esta localidad estuvo acompañada de representantes de la comunidades de indígenas de Cheran, Wirikuta y del pueblo huichol, en solidaridad con la Mixteca.

Se cuestionó la condición indígena que se mantiene a pesar de las añejas luchas, lo que retomaría Sicilia para condenar la inhumana división inducida en la comunidad triqui, que calificó de crimen terrible. Desde esta plaza, desde el corazón del dolor, desde el corazón y el dolor de la comunidad referida, pedimos al gobernador Gabino Cué y al presidente Felipe Calderón promover la solución de los problemas de esa comunidad oaxaqueña, se les otorgue la autonomía y se comprenda la lucha indígena.

El poeta reclamó desde esta plaza el esclarecimiento del asesinato de Cariño y del finlandés Jyri Jakoola, casos emblemáticos que desde el origen del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se colocaron como parte de los principales reclamos, hasta ahora sin respuesta.

En esta lógica, el poeta hizo una remembranza de la lucha zapatista para asociarla con el rumbo perdido en estos tiempos de violencia: “las comunidades indígenas propusieron un mundo y un caminar donde cupieran todos los mundos… fue un camino traicionado, pues se preservó el mismo modelo económico. Las consecuencias las tenemos ahora en el norte del país, en Ciudad Juárez como epicentro del dolor, una herida abierta que se nos está pudriendo como gangrena y que ahora se torna en un agravio nacional”.

Hoy, dijo el poeta al describir la descomposición del país, enfrentamos dos tipos de violencia, derivados de la corrupción del Estado. Hoy vivimos un horror, concluyó.

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