31/10/2011

Caso Clementina Lagos: rastreo de ocho años por tres países



René Alberto López
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 31 de octubre de 2011, p. 11

Tenosique, Tab., 30 de octubre. María Eugenia Barrera Rocha, nicaragüense de 42 años, tiene casi ocho años buscando a su hija Clementina del Carmen Lagos, desaparecida el 9 de noviembre de 2003. La última noticia que tuvo de ella es que fue vista en Culiacán, Sinaloa, luego de haber sido víctima de trata de personas.

Un conocido me dijo que fue vendida a un prostíbulo de Guatemala, y tal vez luego fue trasladada a México, denunció una de las cuatro madres nicaragüenses que integran la caravana en busca de desaparecidos.

La mujer acaricia la foto de su hija, mientras rememora: La tarde en que desapareció recibió tres llamadas; en la última se quedó pensativa, y fue cuando salió de la casa. Clementina del Carmen estaba ilusionada con trabajar, porque se casó, pero su pareja sólo la embarazó y se fue. Tuvo unas gemelas. Tenía 17 años cuando la vi por última vez. Yo no quería que se fuera a laborar con una persona que le regalaba cosas materiales, y le dijo que sería su secretaria, cuando mi hija sólo estudió hasta sexto año.

Barrera Rocha, originaria del departamento nicaragüense de Chinandega, se ha pasado los últimos años recorriendo centros nocturnos, bares y prostíbulos de todo tipo en Nicaragua, Guatemala y El Salvador. Tuve que vender mi casa para costear los gastos, y mi esposo me dejó porque ya no permanecía en mi hogar.

Rodeada de otras madres, cuenta que en el trajinar de la búsqueda por tres países encontró de nuevo el amor, en una persona que la ayudó mucho y hoy es su nueva pareja. Pero yo lo que más quiero es encontrar a Clementina.

Relató que “he pasado por muchos problemas, buscando a mi hija, porque hay mucha gente que se aprovecha. La policía de Nicaragua me engañó, pues me ofreció que me iba a enseñar unos videos de mi hija, y sólo me sacaron información de todo lo que vi en un centro nocturno, que fue desmantelado. Por poco me matan, pues la dueña mandó a golpearme. Me amarraron y me golpearon… Pero no puedo decir todo lo que pasó…”

Fueron las autoridades de su país las que le informaron que su hija había sido víctima de tratantes de personas y que no podían hacer más, porque es mayor de edad. Presenté una primera denuncia, que ya no existe, porque la dieron por extraviada, y hace dos años volví a presentar otra, cuando me enteré de que mi hija fue vista en México.

–¿Por qué, si hace dos años se enteró de que su hija podría estar en México, no vino desde entonces a tratar de localizarla? –se le preguntó.

–Por la cuestión económica; no tenía dinero; fue hasta ahora que se me presentó la oportunidad con esta caravana.

La mujer narra la última tarde que vio a su hija: Iba ilusionada por el trabajo que le serviría para sostener a sus gemelas, las nietas que ahora viven conmigo. La plática se interrumpe porque no puede evitar el llanto, y abraza la fotografía. Ya repuesta, expresa: Mi corazón me dice que mi hija está viva, que está en un lugar de México.

–¿La van a buscar en Culiacán, Sinaloa?

–He platicado con la coordinadora, pero todavía no sé si la caravana pasará por Culiacán.

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